El niño eterno: lo que una perspectiva junguiana revela sobre la ideología de género

¿Por qué está ganando tanto terreno precisamente ahora la idea de que una identidad interior está por encima del sexo biológico? El psicólogo clínico estadounidense Bret Alderman no busca la respuesta en la actualidad, sino en la psicología profunda de Carl Jung. En una entrevista con el boletín estadounidense gender:hacked, describe la identificación trans como una manifestación contemporánea de un arquetipo que aparece desde hace siglos en mitos y cuentos de hadas: el puer aeternus, el niño eterno.

El arquetipo del niño eterno

En la psicología analítica de Jung, el puer aeternus es la figura que se niega a aceptar las limitaciones de una existencia adulta: una identidad estable, un cuerpo con límites y el paso del tiempo. Peter Pan es su encarnación literaria más conocida: el niño que nunca crece, en un País de Nunca Jamás del que Alderman cita una frase reveladora: "In Neverland, to make-believe something is to make it true" (en el País de Nunca Jamás, fingir que algo es real lo convierte en verdad). Alderman subraya que no utiliza este arquetipo para desestimar la identificación trans como algo falso, sino para comprender qué intenta comunicar la psique a través de ella. Según él, cuando emerge un arquetipo siempre constituye una señal: no una afirmación literal sobre la realidad, sino un mensaje simbólico acerca de algo que reclama atención.

El posmodernismo como disociación

Un aspecto central del análisis de Alderman es la relación entre la ideología de género y el pensamiento posmodernista del que surge. A sus ojos, la deconstrucción y la teoría de género no son meras corrientes filosóficas, sino expresiones intelectuales de una disociación psicológica: una escisión interna en la que la representación —la historia que una persona cuenta sobre sí misma— ocupa el lugar de la realidad encarnada. Cuando el lenguaje y la autoimagen adquieren más importancia que el propio cuerpo, según Alderman se abre la puerta a considerar el sexo biológico como algo arbitrario, algo que igualmente podría haberse construido de otra manera.

El cuerpo como límite que hace posible el crecimiento

Frente a esa disociación, Alderman contrapone una idea fundamental de la tradición junguiana: la madurez psicológica comienza con la aceptación de la propia corporeidad y de los límites naturales que esta implica. Un cuerpo tiene un sexo, una edad y limitaciones; y precisamente aceptar todo ello, en lugar de negarlo mediante razonamientos, es lo que permite a una persona madurar psicológicamente. Según él, una cultura que trata la biología como una construcción arbitraria se priva de uno de los anclajes más importantes para esa maduración.

Una paradoja: rebelión con respaldo institucional

Lo que hace única a esta época, según Alderman, es una paradoja. Los movimientos juveniles anteriores que se rebelaban contra el orden establecido lo hacían precisamente porque ese orden ofrecía resistencia: era una rebelión real contra una autoridad real. En cambio, el movimiento identitario contemporáneo goza, a diferencia de las contraculturas de los años sesenta, de un amplio respaldo institucional: por parte de las escuelas, los medios de comunicación y las políticas gubernamentales. Un impulso arquetípicamente orientado a rebelarse contra las limitaciones queda así reforzado por esas mismas instituciones adultas que, en circunstancias normales, deberían establecer límites. Esto hace que la dinámica sea más difícil de romper que en conflictos generacionales anteriores: ya no hay resistencia contra la que rebelarse y, por tanto, tampoco un punto claro en el que deba continuar el propio desarrollo.

Qué aporta esta perspectiva

El análisis de Alderman no pretende explicar por qué una persona concreta se identifica como trans; para ello siguen siendo necesarios el rigor clínico y la atención a la persona. Sin embargo, sí ofrece un marco explicativo para el fenómeno cultural más amplio: por qué precisamente esta época, con su desconfianza hacia las limitaciones corporales y su fe en una identidad elegida por uno mismo, constituye un terreno tan fértil para la idea de que quién eres está separado de lo que es tu cuerpo. Ese es precisamente el tipo de matiz que suele faltar en el relato afirmativo dominante sobre el género: no como un ataque a quienes luchan con esta cuestión, sino como una capa adicional para comprender el fenómeno.

Nienke Vogelaar

Nienke Vogelaar

Genderinfo.nl

Preguntas frecuentes

¿Qué es el puer aeternus del que trata este artículo?

El puer aeternus (en latín, niño eterno) es un arquetipo de la psicología analítica de Carl Jung: un patrón psíquico que se niega a aceptar las limitaciones de la adultez, como una identidad fija, un cuerpo con límites y el paso del tiempo. Peter Pan es su encarnación literaria más conocida.

¿Dice Bret Alderman que la identificación trans no es real?

No. Alderman no utiliza el arquetipo para desestimar como irreal la experiencia de una persona, sino como un marco psicológico para comprender qué mensaje más profundo puede esconderse detrás de ella. Subraya que este tipo de señales debe tomarse en serio, no descartarse.

¿Por qué, según Alderman, las instituciones refuerzan este fenómeno en lugar de frenarlo?

A diferencia de movimientos juveniles anteriores, que se rebelaban contra la resistencia de la escuela, los medios de comunicación o el Gobierno, el movimiento identitario contemporáneo recibe precisamente el apoyo de esas mismas instituciones. Como resultado, falta la resistencia que normalmente contribuye a la maduración psicológica.

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