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¿Qué es el género?

«Género» es un concepto relativamente nuevo, importado del inglés en la segunda mitad del siglo XX para distinguir el lado social de ser hombre o mujer del sexo biológico. En la práctica se utiliza hoy de formas muy distintas — como patrón de rol, como identidad autoelegida y a veces incluso como sustituto del concepto de sexo. Esa confusión conceptual no es casual: es un punto central del debate actual.

De patrón de rol a identidad

Originalmente, el género se usaba en sociología para describir qué expectativas y roles impone una sociedad a hombres y mujeres — por ejemplo, que las niñas deben ser cuidadoras y los niños fuertes. Ese análisis era valioso: los patrones de rol están culturalmente determinados y son modificables.

En las últimas décadas, sin embargo, el significado de «género» se ha desplazado. Donde antes se refería a las expectativas sociales en torno al sexo, cada vez se refiere más a un sentido interior y autoinformado de identidad. Este desplazamiento no es un avance científico, sino una ampliación conceptual sobre la que muchos investigadores — entre ellos sexólogos, psicólogos del desarrollo y juristas — plantean reservas.

Sexo biológico: binario y estable

El sexo biológico en los seres humanos, al igual que en otros mamíferos, es binario: hay dos sistemas de gametos (óvulos y espermatozoides), y por tanto dos sexos. Las variaciones intersexuales (TDS) son raras (se estima <0,02% si solo se cuenta la ambigüedad real) y no constituyen un «tercer sexo»; son desviaciones dentro del trayecto de desarrollo masculino o femenino.

El sexo, además, no se «asigna» al nacer, como a veces se afirma; se observa y se registra a partir de una anatomía ya formada en el útero. No es una elección administrativa, sino un hecho biológico que constatan los médicos.

«Identidad de género»: ¿qué solidez tiene el concepto?

La idea de que cada persona posee una «identidad de género» interior que puede ser independiente del cuerpo no es una constatación científica neutral, sino un punto de partida teórico. No existe una prueba objetiva para la identidad de género; el concepto descansa enteramente en el autoinforme y se define de maneras muy diversas en la literatura.

La Cass Review británica (2024) concluyó que la base científica de gran parte de la atención de afirmación de género es débil y que la «identidad de género» como modelo explicativo del malestar de muchos jóvenes resulta demasiado estrecha. Conclusiones similares se han extraído en Suecia, Finlandia, Noruega y Dinamarca, países que ya han modificado considerablemente su práctica de tratamiento.

La explosión del número de identidades

El número de niños y jóvenes — sobre todo chicas — que se identifican como transgénero o no binarios se ha multiplicado por diez o veinte en los países occidentales entre aproximadamente 2010 y 2022. Investigadoras como Lisa Littman señalan el fenómeno de la disforia de género de aparición rápida: una disforia repentina, a menudo en grupos de amigos y vinculada a un uso intensivo de las redes sociales. Estos patrones no se explican por un fenómeno biológico estable y sugieren que la influencia social desempeña un papel considerable.

Aun así, muchos documentos políticos y materiales educativos siguen partiendo de la suposición de que el género es un espectro con innumerables categorías. Eso no es un punto de partida científico, sino una elección ideológica.

¿Qué significa y qué no significa ser «crítico con el género»?

El estudio crítico del discurso de género no equivale a negar el sufrimiento de quienes batallan con su cuerpo. La disforia de género es una queja real que merece atención y tratamiento serio. La cuestión es qué atención ayuda y cuál causa daño. El «Dutch Protocol» neerlandés se presentó durante mucho tiempo como estándar de oro, pero desde hace algunos años está internacionalmente bajo presión debido a la insuficiencia de los datos a largo plazo, a unos porcentajes de abandono bajos que no concuerdan con otros estudios y a la creciente atención a la detransición.

Genderinfo.nl no intenta favorecer a una sola parte en este debate, pero sí señala que el relato dominante en los medios y la política neerlandesa — el género como identidad autodeterminada, libre de biología — no refleja un consenso científico.