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Protección infantil y medicalización del género en menores: por qué es esencial un diagnóstico cuidadoso

Una mano descansa sobre la mano de otra persona en una mesa de madera
Generado por IA

Cuando un menor experimenta disforia de género o sentimientos de incongruencia de género, pueden surgir al mismo tiempo preguntas sobre la identidad, el bienestar, el apoyo social y una posible atención médica. Para los padres y los profesionales es importante tomar en serio dos intereses: el derecho del menor a ser escuchado y a explorar quién es, y el deber de proteger a los niños frente a decisiones cuyas consecuencias todavía no pueden comprender plenamente. Estos intereses no tienen por qué enfrentarse. Precisamente un proceso cuidadoso, tranquilo y especializado puede dar espacio tanto a la autonomía como a la protección.

La autoidentificación no equivale a una indicación médica

Un joven puede describirse como transgénero, no binario o estar explorando su género. Esta autoidentificación merece un trato respetuoso. Sin embargo, no constituye automáticamente un diagnóstico médico ni una indicación independiente para el bloqueo de la pubertad o el tratamiento hormonal. La atención médica requiere una evaluación de la situación individual, la naturaleza y duración de los síntomas, el desarrollo del menor, las expectativas del tratamiento y sus posibles riesgos.

Por ello, la Norma de calidad para la atención somática de personas transgénero de los Países Bajos establece que el diagnóstico de niños y adolescentes debe ser realizado por un psicólogo, psiquiatra o pedagogo especializado. Este profesional debe, entre otras cosas, tener conocimientos de psicología del desarrollo y psicopatología, saber utilizar instrumentos diagnósticos y distinguir entre la incongruencia de género y problemas con características similares, como una alteración de la imagen corporal.

Esto no significa que los sentimientos relacionados con el género deban tratarse de antemano como un problema. Sí significa que los profesionales sanitarios deben examinar cuidadosamente qué experimenta exactamente el menor, qué tipo de ayuda es adecuada y si los pasos médicos responden realmente al interés de ese menor en particular.

Por qué puede ser adecuada la cautela con los menores

La adolescencia es una etapa de rápidos cambios físicos, emocionales y sociales. La formación de la identidad forma parte de ella. Algunos jóvenes experimentan una disforia de género persistente e intensa; otros exploran su identidad, cambian las palabras con las que describen su experiencia o necesitan sobre todo apoyo, tranquilidad y espacio. Por eso, una actitud abierta y exploratoria es preferible tanto al rechazo como a la confirmación automática de un único resultado predeterminado.

La cautela no significa negar la atención ni dejar al joven a su suerte. Significa observar primero la situación de manera amplia, ofrecer un acompañamiento adecuado y recurrir a la medicalización únicamente cuando la indicación se haya establecido cuidadosamente. El Consejo de Salud subraya que la atención médica relacionada con la transición de género para jóvenes en los Países Bajos solo procede después de un diagnóstico y una indicación exhaustivos. Durante el proceso también debe haber espacio para recibir información, reflexionar y otorgar un consentimiento informado y voluntario.

Una evaluación amplia puede prestar atención al estado de ánimo, la ansiedad, los traumas, la neurodiversidad, la vulnerabilidad psicológica, la presión social, el acoso, las relaciones familiares, el desarrollo de la sexualidad y el malestar corporal. Estos aspectos no son motivo para negar o descartar la experiencia de género de un joven. Sin embargo, sí pueden influir en la claridad diagnóstica, la capacidad de afrontamiento y la posibilidad de comprender las consecuencias del tratamiento.

Protección infantil: seguridad y desarrollo, no una vía médica

El Consejo de Protección de la Infancia no es una clínica de género ni establece indicaciones médicas. Investiga si el desarrollo de un niño está gravemente amenazado y si es necesaria una medida de protección infantil. La protección juvenil es llevada a cabo por instituciones certificadas, que organizan la supervisión, el apoyo y la ayuda cuando un juez impone una medida.

La protección infantil no debe utilizarse para corregir una identidad, pero puede ser pertinente cuando la seguridad, la salud o el desarrollo de un niño están gravemente comprometidos y no se presta la ayuda necesaria; por ejemplo, cuando concurren varios problemas relacionados entre sí, como depresión, autolesiones, abandono escolar u otra vulnerabilidad psicológica, junto con preguntas sobre la identidad de género. En ese caso, el motivo de una medida de protección infantil no es la identidad de género en sí, sino el conjunto de riesgos para el desarrollo del niño.

La guía sobre el desarrollo sexual para la asistencia y la protección de menores señala la disforia de género como un tema respecto del cual los profesionales deben saber reconocer las señales. Esto requiere prestar atención a los problemas psicosociales, a un entorno seguro y, si es necesario, a una derivación adecuada. Por tanto, los servicios de protección y asistencia juvenil deben colaborar con la atención sanitaria especializada ordinaria, sin asumir el papel del especialista médico. deouders.nl explica cuándo intervienen los servicios de protección juvenil en cuestiones relacionadas con el género y qué competencias tienen.

¿Qué garantías son necesarias antes de dar pasos médicos?

Cuando se contempla un proceso médico para menores, son necesarias garantías claras. Estas protegen al joven y también ofrecen orientación a padres y profesionales:

  • Diagnóstico amplio y especializado: no solo determinar si existe un deseo relacionado con el género, sino también examinar su duración, intensidad, evolución y repercusión en el funcionamiento diario.
  • Consulta multidisciplinar: en el caso de los adolescentes, la experiencia psicológica o psiquiátrica especializada y la experiencia en endocrinología pediátrica deben reunirse en un equipo o en una estructura de colaboración estable.
  • Atención a las alternativas y al orden de las intervenciones: el acompañamiento psicológico, el apoyo familiar y el tratamiento de otros problemas pueden ser necesarios antes de la atención médica o junto con ella.
  • Consentimiento informado: el joven y sus padres deben recibir información comprensible sobre los efectos previstos, las incertidumbres, los efectos secundarios, las consecuencias para la fertilidad y las posibles alternativas.
  • Evaluación de la capacidad para consentir: el consentimiento es más que una aprobación sobre el papel. El joven debe poder comprender la información, sopesarla y aplicarla a su propia situación.
  • Reflexión y evaluación independientes: en caso de duda, problemas complejos o intervenciones de gran alcance, debe ser posible solicitar una segunda opinión o realizar un diagnóstico adicional.

El papel de los padres y los profesionales

Según la Ley de Contrato de Tratamiento Médico (WGBO), en el caso de los jóvenes de entre 12 y 16 años se requiere, en principio, un consentimiento doble: el del joven y el del progenitor o progenitores que ostentan la patria potestad. A partir de los 16 años, el joven decide en principio de forma independiente. Las excepciones legales no modifican el deber profesional de valorar cuidadosamente en cada situación qué constituye una buena atención. La KNMG describe con más detalle estos derechos y obligaciones, que dependen de la edad.

Para los padres, esto significa escuchar sin restar importancia a lo que ocurre, pero también poder hacer preguntas sobre el diagnóstico, los riesgos, las alternativas y los pasos siguientes. Para los profesionales, significa tomar en serio la voz del joven, implicar cuidadosamente a los padres y no basar las decisiones médicas únicamente en la autoidentificación. La buena atención no se beneficia de las prisas, la polarización o la desconfianza, sino de la competencia profesional, la transparencia y la atención a cada niño en particular.

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