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2013

DSM-5: la disforia de género sustituye al trastorno

El manual DSM-5 sobre un ejemplar del DSM-IV-TR francés
Foto: F.RdeC, CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons

En mayo de 2013 apareció la quinta edición del DSM, el manual de diagnósticos psiquiátricos de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría. El diagnóstico de trastorno de identidad de género desapareció y fue sustituido por la disforia de género.

Qué cambió

El nuevo nombre cambia el enfoque. No se considera un trastorno la identidad en sí, sino el sufrimiento que experimenta una persona porque el género que vive no coincide con el sexo asignado. Para establecer el diagnóstico, esta incongruencia debe existir durante al menos seis meses y estar acompañada de un sufrimiento claro o de limitaciones en la vida cotidiana.

En el DSM-5, la disforia de género recibió un capítulo propio, separado de los trastornos sexuales y las parafilias, donde se había clasificado el diagnóstico anterior. Se establecieron criterios específicos para niños y para adolescentes y adultos.

La CIE-11 fue más allá

La Organización Mundial de la Salud dio un paso más con la revisión de la CIE. En la CIE-11, adoptada en 2019 y en vigor desde 2022, el diagnóstico se denomina incongruencia de género. Ya no figura entre los trastornos mentales, sino en un capítulo sobre salud sexual.

En la práctica neerlandesa

En los Países Bajos también se utiliza el DSM-5. Para recibir tratamiento médico y para que este sea cubierto por la aseguradora de salud, se necesita un diagnóstico de disforia de género o de incongruencia de género, establecido por un profesional habilitado para ello. Encontrarás más información sobre los criterios en las páginas dedicadas al DSM-5 y la disforia de género y a la CIE-11. Para cambiar la mención del sexo en el acta de nacimiento, en los Países Bajos desde 2014 ya no se exige tratamiento médico; sí se requiere una declaración de un experto.

El debate previo

La nueva edición estuvo precedida por años de debate. Parte de las organizaciones de defensa de los derechos quería eliminar por completo el diagnóstico del manual, como había ocurrido con la homosexualidad en 1973. Otros advertían de que, sin diagnóstico, podrían peligrar el acceso al tratamiento y su cobertura por parte de las aseguradoras. El grupo de trabajo optó por una solución intermedia: el diagnóstico se mantuvo, pero recibió un nombre y una descripción en los que el sufrimiento ocupa el lugar central. El diagnóstico de transexualidad se había incluido por primera vez en 1980; véase el DSM-III.

Qué implican los criterios

Para adolescentes y adultos, el DSM-5 menciona seis características, de las cuales deben estar presentes al menos dos. Algunos ejemplos son un fuerte deseo de librarse de las propias características sexuales y un fuerte deseo de ser tratado como una persona del otro género. Para los niños se aplican requisitos más estrictos: deben presentarse al menos seis de ocho características, entre ellas, en cualquier caso, el fuerte deseo o la convicción de ser del otro género. Con ello, el grupo de trabajo quería evitar que los niños recibieran un diagnóstico solo porque su comportamiento no encajara con lo que se considera habitual en niños o niñas.

La revisión del texto de 2022

En 2022 apareció el DSM-5-TR, una edición revisada del texto. Los criterios se mantuvieron, pero cambió la elección de las palabras. Así, género deseado fue sustituido por género experimentado, y el texto ya no habla del sexo de nacimiento, sino del sexo asignado al nacer. Los cambios muestran la rapidez con la que evoluciona el lenguaje en torno a este tema, también dentro de la psiquiatría.

Significado

Sus defensores consideran que el cambio es un paso para combatir la estigmatización: ser transgénero no implica tener una enfermedad mental. El diagnóstico se mantuvo porque en muchos países es necesario para acceder a la atención sanitaria y obtener su cobertura. Sus críticos señalan que el cambio también tiene consecuencias en la práctica: si la identidad deja de ser objeto de investigación, se presta menos atención a la cuestión de cuál es el origen de la disforia.

Fuentes