Cerebro y género

La afirmación de que las personas trans tienen «un cerebro en el cuerpo equivocado» —un cerebro de mujer en un cuerpo de hombre o viceversa— se utiliza con frecuencia en la comunicación pública para presentar la identificación trans como algo innato y biológico. Sin embargo, las pruebas neurocientíficas disponibles son mucho más débiles y ambiguas de lo que sugiere esta afirmación categórica. La situación actual es la siguiente: no existen pruebas concluyentes desde la neurociencia de un «cerebro trans» innato.
Los estudios clásicos y sus limitaciones
Varios estudios post mortem del cerebro citados con frecuencia (Zhou et al. 1995, Kruijver et al. 2000) informaron de que el núcleo de la estría terminal (BSTc) de las mujeres trans se parecería más al de las mujeres cisgénero. Sin embargo, las muestras eran pequeñas (a menudo de menos de diez participantes), la mayoría de los participantes había utilizado hormonas del sexo opuesto durante años y las áreas cerebrales estudiadas no maduran por completo hasta la edad adulta, lo que socava las conclusiones directas sobre diferencias «innatas». Los intentos de replicación han producido resultados variables. Lo que las imágenes cerebrales muestran y no muestran en las personas trans se explica en transgenderidentiteit.nl.
Las hormonas cambian el cerebro
Este es el problema metodológico central. Las hormonas del sexo opuesto provocan cambios estructurales y funcionales demostrables en el cerebro adulto. Cuando se escanea a personas trans que han utilizado estrógenos o testosterona durante años, resulta imposible determinar si las diferencias observadas son la causa o la consecuencia del tratamiento hormonal. Los estudios con participantes que no han recibido tratamiento hormonal son poco frecuentes, tienen muestras pequeñas y presentan debilidades metodológicas.
No existe un «perfil cerebro-sexo» coherente
El campo más amplio de las diferencias sexuales en el cerebro también es objeto de controversia. Joel et al. (2015) sostuvieron que la mayoría de los cerebros humanos son un «mosaico» de características denominadas masculinas y femeninas, y que no existe un «cerebro masculino» y un «cerebro femenino» claramente dimórficos. Si los sexos cerebrales binarios ni siquiera existen, la afirmación de que las personas trans tienen «el cerebro del otro sexo» resulta conceptualmente problemática.
Indicaciones genéticas y prenatales: limitadas
Los estudios con gemelos apuntan a un componente hereditario modesto en la disforia de género, pero la concordancia entre gemelos idénticos está lejos del 100 %, lo que significa que los factores ambientales tienen un peso considerable. Los estudios sobre la exposición prenatal a andrógenos (como en la hiperplasia suprarrenal congénita) muestran una influencia en la conducta relacionada con el género, pero esto es algo distinto de una «identidad de género» específica: la mayoría de las niñas con HSC no desarrolla una identidad trans. Véase también genética y género.
El repentino cambio demográfico excluye una explicación puramente biológica
Una explicación biológica concluyente de la identidad de género también tendría que explicar por qué el número de jóvenes que se identifican como trans o no binarios se ha multiplicado entre diez y veinte veces desde 2010, junto con un cambio en la proporción entre sexos. Las estructuras cerebrales no cambian en una escala temporal tan breve. Los factores socioculturales y mediáticos señalados como causas de este aumento entran en tensión con una teoría biológica sólida.
Es necesaria la cautela científica
Conclusión: existen indicios neurobiológicos intrigantes, pero no pruebas concluyentes de un «cerebro trans» innato. La comunicación categórica al respecto en folletos para pacientes, sitios web activistas y medios de comunicación generalistas no se corresponde con el estado real de la investigación. La neurociencia no debe utilizarse para legitimar intervenciones médicas irreversibles en menores mientras las pruebas sigan siendo débiles y metodológicamente problemáticas.